Aceptar un proceso de crecimiento personal lento sin perder la motivación

2026.07.16
Aceptar un proceso de crecimiento personal lento sin perder la motivación

Son las once de la noche en Asunción y el ventilador de techo hace un ruido rítmico, como si estuviera masticando el aire pesado de este invierno que no termina de decidirse. Acabo de cerrar un presupuesto para una marca de café local y, mientras miraba el desglose del 10% del IVA en la factura, me quedé tildada mirando el cursor. Ese parpadeo negro me recordó que hace casi un año que estoy en este baile de intentar 'mejorar' sin romperme en el intento. Antes de seguir, un detalle: este rincón se sostiene con enlaces afiliados. Si decidís probar algún programa de los que menciono, como el que estoy haciendo ahora, yo recibo una pequeña comisión de Hotmart sin que a vos te cueste un guaraní extra. Solo escribo sobre lo que yo misma estoy masticando; si algo no me sirve, también lo vas a leer acá.

Empecé con esto de Universo Femenino a mediados de agosto del año pasado. No fue un rapto de iluminación, fue puro cansancio. El ritmo freelance me estaba comiendo la identidad; ya no era Magdalena la diseñadora, era Magdalena la que responde mails a las tres de la mañana. Me anoté en el curso porque vi que tenía una calificación de 4.9 en la plataforma y me dio curiosidad saber si ese puntaje aguantaba el paso de los meses cuando no tenés tiempo ni de respirar. Lo que no sabía era que mi mayor lección no iba a estar en un PDF, sino en el espacio vacío entre los módulos.

El choque con la inercia del 'ya mismo'

Al principio, quería devorarme todo. Estamos programadas para la inmediatez. Como freelancers, si no entregamos el logo el lunes, el cliente desaparece. Y si sos madre, como me pasa a mí con las corridas diarias para buscar a los chicos y equilibrar los bocetos con las meriendas, la vida se vuelve una serie de incendios que hay que apagar *ahora*. Esa urgencia la trasladé al crecimiento personal. Quería 'empoderarme' para el viernes. Pero el proceso es terco.

Notas personales de Magdalena escritas en los márgenes de un presupuesto de diseño

Recuerdo una tarde calursa de diciembre, de esas donde el aire acondicionado parece una sugerencia y nada más. Tenía el tereré ya lavado, amargo, al lado del trackpad. Releí un ejercicio de introspección que había escrito seis meses atrás en los márgenes de un presupuesto de branding. Me dio una mezcla de ternura y bronca. Había escrito sobre 'poner límites', pero mi bandeja de entrada decía otra cosa. Ahí entendí que leer la teoría es fácil, pero que el cuerpo tarda mucho más en aprender a decir que no. Para las que trabajamos por nuestra cuenta, integrar el curso Universo Femenino en una rutina freelance muy ocupada no es cuestión de agenda, es cuestión de paciencia biológica.

Cuando el cuaderno junta polvo

Hubo un bache oscuro. Pasé seis semanas enteras sin abrir la plataforma. Un cliente internacional me pidió tres rediseños seguidos y me hundí en los píxeles. Me sentí culpable, sentí que estaba 'perdiendo el tiempo' conmigo misma por no estar 'avanzando' en el curso. Es una trampa mental horrible: sentir que el autocuidado es una tarea más que estás fallando en completar. No soy psicóloga ni coach, solo una diseñadora que se dio cuenta de que si no cuidaba su cabeza, los colores del monitor eventualmente se iban a apagar. Siempre es buena idea consultar con un profesional si sentís que el agobio te supera; yo tengo a mi terapeuta en marcación rápida para estos casos.

Plataforma de Hotmart abierta con el curso Universo Femenino en un entorno hogareño

La trampa de la transformación pública

A veces me descubro pensando que si no publico mis avances en Instagram como las demás, mi proceso de transformación no está ocurriendo de verdad. Vemos esos Reels de mujeres meditando al amanecer con una luz perfecta y pensamos que así se ve el éxito. Mi éxito se ve como yo, con ojeras, tratando de entender el módulo 3 mientras espero que se exporte un video pesado. El crecimiento lento es silencioso y, a veces, bastante aburrido. No tiene música de fondo ni filtros de colores.

Durante los feriados de marzo, cuando Asunción se queda callada y parece un pueblo fantasma, volví a entrar. Me fijé en los detalles técnicos: la comisión por afiliación del programa es del 36%, algo que mi mente de negocios nota automáticamente, pero lo que me retuvo fue otra cosa. Al retomar un ejercicio después de ese mes de pausa, descubrí que las ideas habían madurado solas. No necesitaba haber estado 'activa' para que el concepto de valor propio se fuera asentando en mis decisiones de cobro. A veces, cómo superar el síndrome del impostor en mujeres creativas freelance no se trata de hacer más ejercicios, sino de dejar que los que ya hiciste respiren un poco.

Cuaderno de ejercicios y libros de diseño en una estantería bajo la luz de la tarde

El ritmo real vs. el ritmo deseado

Hace un par de semanas tuve una revelación pequeña. Estaba por empezar el módulo sobre gestión emocional y sentí cómo se me afloja la mandíbula cuando finalmente acepté que terminar esa parte en un mes en vez de una semana no es fracasar. El curso está ahí, las actualizaciones están incluidas, y nadie me está corriendo. La motivación no se pierde cuando vas lento; se pierde cuando te comparás con una velocidad que no es la tuya. Para quienes buscamos hábitos de autocuidado diario para mujeres que trabajan desde su casa, la constancia pesa mucho más que la intensidad de un solo fin de semana de 'retiro espiritual' en el living.

La maternidad emprendedora te enseña que lo impredecible es la única constante. Si un hijo se enferma o un cliente entra en crisis, tu 'momento para vos' es lo primero que vuela por la ventana. Aceptar que mi ritmo es espasmódico, lento y a veces interrumpido fue lo que realmente me permitió seguir. El programa de Universo Femenino me gusta justamente por eso: el material aguanta. No se vence. Podés volver a las bases cuando la realidad te pasa por encima.

Manos de mujer descansando sobre un cuaderno de reflexiones personales

No tengo grandes promesas. No te voy a decir que mi vida cambió un 180% porque sería mentira. Lo que sí cambió es la forma en que me miro cuando no llego a todo. Si estás pensando en empezar algo así, hacelo por la curiosidad de conocerte, no por la presión de transformarte en una versión de revista para el mes que viene. El crecimiento es más parecido a una planta de jardín paraguayo: necesita sol, mucha agua y tiempo para aguantar el calor sin marchitarse. Si sentís que necesitás una estructura pero te da miedo no cumplir, capaz este es el momento de aceptar que tu ritmo lento es, en realidad, el único ritmo que importa. Podés chusmear más sobre el programa que yo sigo haciendo clic acá; quizá encontrás ese espacio que te está faltando entre entrega y entrega.

Nota: Aquí comparto lo que he vivido en primera persona -- ningún consejo médico, financiero ni legal. Lo que funcionó para mí puede que no funcione para ti. Habla con tu médico, asesor o abogado antes de tomar decisiones que realmente importen.