
Es una de esas noches de invierno en Asunción donde el frío se siente más en los huesos que en el termómetro. Afuera debe haber unos 18 grados, pero acá adentro, frente a la pantalla, el cansancio pesa como una bolsa de cemento sobre los hombros. Estoy mirando el cursor parpadear en un archivo de diseño gráfico para una marca de acá, y me doy cuenta de que hace diez minutos no muevo el mouse. Antes de seguir, una nota rápida: este cuaderno se mantiene gracias a enlaces afiliados. Si decidís anotarte en algo por acá, Hotmart me suma una comisión del 36% sin que a vos te cueste ni un guaraní extra. Solo escribo sobre programas que yo misma estoy cursando, como este que me tiene despierta hoy.
El experimento de la paciencia
Empecé con el programa Universo Femenino a fines de agosto pasado. No fue un rapto de inspiración mística, sino más bien un experimento metódico. Quería ver si un curso online, trabajado semana a semana y sin pisar el acelerador, realmente aguantaba el ritmo de una freelance que siempre está al borde del colapso. No buscaba una epifanía, buscaba una infraestructura invisible para que mi creatividad no se me muriera antes del viernes.
Me acuerdo de una tarde de calor pesado, a mediados de noviembre, en la que intentaba concentrarme en el módulo tres mientras el rastro de humedad que dejaba el vaso de tereré sobre la tableta gráfica me ponía de los nervios. Ahí, entre la transpiración del vaso y los mensajes de clientes pidiendo cambios para ayer, entendí que el desarrollo personal no es algo que hacés cuando tenés tiempo, sino lo que hacés para que el tiempo no te coma viva. Me pregunté seriamente si estaba pagando por una transformación real o simplemente por el derecho a sentirme menos culpable por estar agotada.
Cuando la rutina se rompe (y está bien)
Hubo una semana, allá por abril, en un martes gris de esos que te dan ganas de quedarte en la cama, en la que simplemente no pude. Abandoné los ejercicios de la semana seis porque me convencí de que no tenía tiempo. Lo irónico es que esa era exactamente la lección del módulo. Me di cuenta de que mi forma de trabajar estaba diseñada para complacer a los demás y dejarme a mí las sobras. El curso tiene una calificación de 4.9 en la plataforma, y creo que es porque no te vende humo, sino que te obliga a mirar esas grietas.
A veces leo sobre estos métodos de crecimiento que te piden rutinas rígidas de dos horas al amanecer. Para mí, y para muchas amigas que son madres emprendedoras y crían hijos pequeños, eso es ciencia ficción. Esa estrategia de crecimiento personal falla cuando no tenés tiempo predecible. Si tenés un bebé que no durmió o un cliente que se despertó con una crisis, no hay meditación de una hora que valga. Por eso me gusta ir a mi ritmo, aunque eso signifique que me tome casi un año terminar lo que otros hacen en tres meses. Podés leer más sobre cómo voy llevando esto en lo que aprendí del curso universo femenino al romper la rutina diaria.
El momento en que la mandíbula se soltó
Hace un par de semanas tuve el gran 'momento de la verdad'. Tenía que hablar con mi cliente más antiguo, ese que siempre me pide favores extra que nunca me pagan. Decidí pausar el video de un módulo y aplicar, tal cual, un ejercicio de comunicación asertiva. Esperaba el desastre, un portazo virtual o un mail enojado. En lugar de eso, encontré respeto. Dije que no podía tomar el pedido extra sin ajustar el presupuesto, y me dijeron: tenés razón, Magda, pasanos la cotización.
Esa noche, cuando cerré la laptop, sentí algo rarísimo: la mandíbula se me destrabó por primera vez en meses. No me había dado cuenta de cuánta tensión acumulaba ahí hasta que solté la necesidad de dar explicaciones innecesarias por mis límites. Esos pequeños datos de la semana son los que valen el esfuerzo. Si querés ver otras perspectivas, te dejo mi experiencia real y curso universo femenino opiniones tras varios meses.
Una aclaración necesaria entre tanto ruido
Pucha, qué bárbaro es cuando una empieza a ver estos cambios. Pero ojo, yo no soy terapeuta, ni coach, ni tengo un diploma colgado que diga que sé cómo arreglarte la vida. Soy una diseñadora que se cansó de estar cansada. Si sentís que lo tuyo va más por el lado de la ansiedad clínica o una depresión que no te deja levantarte, por favor, consultá con tu médico de cabecera o un psicólogo profesional. Estos programas son herramientas, no curas mágicas, y siempre es mejor llevar el proceso acompañada por alguien de salud.
Hoy, mientras el ventilador de techo gira despacio y el invierno asunceno se mete por la ventana, entiendo que invertir en esto no cambió mi talento con el Illustrator, pero cambió el suelo que piso. Ya no trabajo desde el miedo a perder clientes, sino desde la certeza de que mi energía tiene un precio. Si sentís que estás en ese punto donde el ritmo freelance te está ganando, capaz te sirva darle una mirada a Universo Femenino. No para transformarte en otra persona, sino para recuperar a la que eras antes de que los mails te pasaran por encima.